Las mujeres que aman demasiado

En esta entrada comparto algunos de mis apuntes, reflexiones y aprendizajes a partir de la lectura de Las mujeres que aman demasiado, de Robin Norwood.

Identificar o comprender un problema no lo elimina automáticamente, es solo el primer paso.

Considero importante mencionar que algunas de las ideas planteadas en el libro deben leerse de manera crítica y considerando la época en la que fue escrito. Debido a su antigüedad, algunas de sus explicaciones pueden resultar ambiguas o simplificar dinámicas de pareja complejas, llegando incluso a dar la impresión de que la responsabilidad de determinadas problemáticas recae principalmente en las mujeres.

Por ello, los siguientes apuntes no pretenden presentar todas las ideas del libro como verdades absolutas, sino compartir aquello que considero útil para la reflexión, al mismo tiempo que cuestiono aquellos planteamientos que pueden quedarse cortos desde una perspectiva psicológica y de género más actual.

Familia disfuncional

Son aquellos en que se dan uno o más de los rasgos siguientes:

  • Abuso de alcohol y/u otras drogas (prescriptas o ilegales).

  • Conducta compulsiva como, por ejemplo, una forma compulsiva de comer, de trabajar, limpiar, jugar, gastar, hacer dieta, hacer gimnasia, etc.; estas prácticas son conductas adictivas, además de procesos de enfermedad progresivos. Entre muchos de sus efectos, alteran y evitan el contacto sincero y la intimidad en una familia.

  • Maltrato del cónyuge y/o de los hijos.

  • Conducta sexual inapropiada por parte de uno de los progenitores para con un hijo o hija, desde seducción hasta incesto.

  • Discusiones y tensión constantes.

  • Lapsos prolongados en que los padres se rehúsan a hablarse.

  • Padres que tienen actitudes o principios opuestos o que exhiben conductas contradictorias que compiten por la lealtad de los hijos.

  • Padres que compiten entre sí o con sus hijos.

  • Uno de los progenitores no puede relacionarse con los demás miembros de la familia y por eso los evita activamente, al tiempo que los culpa por esa efusividad.

  • Rigidez extrema con respecto al dinero, la religión, el trabajo, el uso del tiempo, las demostraciones de afecto, el sexo, la televisión, el trabajo de la casa, los deportes, la política, etc. Una obsesión por alguno de esos temas puede impedir el contacto y la intimidad, porque el énfasis no se coloca en relacionarse sino en acatar las reglas.

Amar de forma obsesiva es tener miedo:

A estar sola, no ser digna, no inspirar cariño, ser ignorada, abandonada o destruida. Dejamos que controle nuestras emociones y conducta. Medimos el amor por la profundidad de nuestro tormento. Damos mucho amor con esperanza de recibirlo, cuando no pasa, lo seguimos aumentando.

Características de una familia disfuncional

  • Incapacidad de discutir problemas de raíz.

  • Encubren los secretos subyacentes.

  • La incapacidad de hablar sobre los problemas más que la severidad de estos, lo que define el grado de disfuncionalidad que adquiere una familia y la gravedad del daño provocado a sus miembros.

  • La comunicación está restringida, no tienen libertad para expresar todo un espectro de experiencias, deseos, necesidades y sentimientos, sino que deben limitarse a jugar el papel que se adapte al de los demás miembros de la familia.

  • Los aspectos principales de la realidad se niegan, y los roles permanecen rígidos.

  • Cuando nadie puede hablar sobre lo que afecta a cada miembro de la familia individualmente y a la familia como grupo aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos.

  • Nuestra familia niega la realidad, nosotros también comenzamos a negarla. Deteriora severamente el desarrollo de nuestras herramientas básicas para vivir la vida y para relacionarnos con la gente y las situaciones.

  • Nos volvemos incapaces de discernir cuándo alguien o algo no es bueno para nosotros, no tenemos manera de evaluarlas en forma realista o autoprotectora.

  • No confiamos en nuestros sentimientos, ni los usamos para guiamos; gran parte de aquello hacia lo cual nos vemos atraídas es una réplica de lo que vivimos mientras crecíamos.

Si uno de los progenitores exhibe alguno de estos tipos de conducta u obsesiones, resulta perjudicial para el hijo. Si ambos padres están atrapados en alguna de esas prácticas nocivas, los resultados pueden ser más perjudiciales aún. A menudo los padres practican tipos de patología complementarios. Por ejemplo, una persona alcohólica a menudo se casa con otra que come compulsivamente, y entonces cada uno lucha por controlar la adicción del otro. Con frecuencia, los padres también se equilibran mutuamente en formas dañinas, cuando una madre abrumadora y sobreprotectora está casada con un padre irascible que tiende al rechazo, en realidad las actitudes y la conducta de cada uno de ellos inducen al otro para continuar relacionándose con los hijos en una forma destructiva.

Las familias disfuncionales presentan muchos estilos y variedades, pero todas comparten un mismo efecto sobre los hijos que crecen en ellas: esos hijos sufren cierto grado de daño en su capacidad de sentir y relacionarse.

Habiendo recibido poco afecto, usted trata de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, especialmente a hombres que parecen, de alguna manera, necesitados.

Las niñas, es más frecuente que desvíe su atención hacia una muñeca preferida. La acuna y la mima; al identificarse con ella en algún nivel, esa niñita está haciendo un esfuerzo indirecto para recibir el afecto y la atención que necesita. Mientras que un varón puede enfadarse y reaccionar con una conducta destructiva y pelear.

Al ser adultas, las mujeres que provienen de hogares disfuncionales se encuentran en enorme cantidad en las profesiones asistenciales, trabajando como enfermeras, consejeras, terapeutas y asistentes sociales. Nos vemos atraídas hacia los necesitados; nos identificamos con compasión con su dolor y tratamos de aliviarlos para poder disminuir el nuestro. El hecho de que los hombres que más nos atraen sean aquellos que parecen necesitados tiene sentido si entendemos que la raíz de esa atracción es nuestro propio deseo de ser amadas.

Quizá su lucha haya sido con uno solo de sus padres, quizá con ambos. Pero lo que haya estado mal, lo que haya faltado o haya sido doloroso en el pasado es lo que usted está tratando de corregir en el presente.

Nos atraen los hombres que reproducen la lucha que soportamos con nuestros padres, cuando tratábamos de ser lo suficientemente buenas, cariñosas, dignas, útiles e inteligentes para ganar el amor, la atención y la aprobación de aquellos que no podían darnos lo que necesitábamos, debido a sus propios problemas y preocupaciones.

Como adultas, el hecho de ser abandonadas por un hombre que representa en tantos aspectos a aquellas personas que nos abandonaron primero hace aflorar una vez más todo ese terror. Permitir que abuse de nosotras emocionalmente porque "antes nunca le dejaron expresar sus sentimientos”. Vivimos con la esperanza de que mañana será diferente.

Al ser fuertes y útiles para los demás nos protegemos del pánico que surge al estar a merced de otro. Necesitamos estar con gente a quien podamos ayudar, a fin de sentirnos seguras y bajo control.

Nos esforzamos mucho en tratar de parecer buenas, porque no creemos serlo.

Esperar que él cambie en realidad es más cómodo que cambiar nosotras y nuestra propia vida.

A menudo aquellas que provenimos de hogares disfuncionales tuvimos padres irresponsables, inmaduros y débiles. Crecimos con rapidez y nos convertimos en pseudo— adultas mucho tiempo antes de estar listas para la carga que suponía ese rol. Pero también nos complacía el poder que nos conferían nuestra familia y los demás. Ahora, como adultas, creemos que depende de nosotras hacer que nuestras relaciones funcionen bien, y a menudo formamos equipo con hombres irresponsables que nos culpan y contribuyen a nuestra sensación de que todo realmente depende de nosotras. Somos expertas en llevar esa carga.

Si nuestros padres no nos encuentran dignas de su amor y atención, ¿cómo podemos creer que realmente somos buenas personas? Muy pocas mujeres que aman demasiado tienen la convicción, en el centro de su ser, de que merecen amar y ser amadas simplemente porque existen. En cambio, creemos que albergamos terribles defectos o fallas y que debemos hacer buenas obras para compensarlos. Vivimos sintiéndonos culpables por tener esas deficiencias y temerosas de que nos descubran.

Características de mujeres que aman demasiado

  1. Proviene de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales.

  2. Habiendo recibido poco afecto, usted trata de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, en especial a hombres que parecen, de alguna manera, necesitados.

  3. Debido a que usted nunca pudo convertir a su(s) progenitor(es) en los seres atentos y cariñosos que usted ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de hombres emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar, por medio de su amor.

  4. Como la aterra que la abandonen, hace cualquier cosa para evitar que una relación se disuelva.

  5. Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si "ayuda" al hombre con quien usted está involucrada.

  6. Acostumbrada a la falta de amor en las relaciones personales, usted está dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarse más para complacer.

  7. Está dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación.

  8. Su amor propio es críticamente bajo, y en el fondo usted no cree merecer la felicidad. En cambio, cree que debe ganarse el derecho de disfrutar la vida.

  9. Necesita con desesperación controlar a sus hombres y sus relaciones, debido a la poca seguridad que experimentó en la niñez. Disimula sus esfuerzos por controlar a la gente y las situaciones bajo la apariencia de "ser útil".

  10. En una relación, está mucho más en contacto con su sueño de cómo podría ser que con la realidad de su situación.

  11. Es adicta a los hombres y al dolor emocional.

  12. Es probable que usted esté predispuesta emocionalmente y, a menudo, bioquímicamente, para volverse adicta a las drogas, al alcohol y/o a ciertas comidas, en particular los dulces.

  13. Al verse atraída hacia personas que tienen problemas por resolver, o involucrada en situaciones que son caóticas, inciertas y emocionalmente dolorosas, usted evita concentrarse en su responsabilidad para consigo misma.

  14. Es probable que usted tenga una tendencia a los episodios depresivos, los cuales trata de prevenir por medio de la excitación que proporciona una relación inestable.

  15. No la atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por usted. Esos hombres "agradables" le parecen aburridos.

Las mujeres que aman demasiado dedican sus energías a cambiar la conducta o los sentimientos de la otra persona hacia ellas mediante manipulaciones desesperadas. Más que un intento de ayudarlo a descubrir quién era, eran un intento de convertirlo en el hombre que ella necesitaba que fuera. Él no quería ayuda para descubrir quién era, (un hombre a quien no le importaban sus sentimientos ni la relación).

Al vivir en cualquiera de los tipos más caóticos de familia disfuncional, como una familia alcohólica, violenta o incestuosa, es inevitable que una niña sienta pánico por la falta de control de la familia. No puede contar con las personas de las que depende porque están demasiado enfermas para protegerla. De hecho, a menudo esa familia constituye una fuente de amenazas y daño más que la fuente de seguridad y protección que ella necesita. Debido a que esa clase de experiencia es tan abrumadora, tan devastadora, aquellas que hemos sufrido en esa forma buscamos cambiar posiciones, por así decirlo.

Al culpamos, nos aferramos a la esperanza de que podremos descubrir lo que estamos haciendo mal y corregirlo, controlando así la situación y deteniendo el dolor.

  • Caso: —Me esforzaba mucho. Quiero decir, realmente lo amaba y estaba decidida a lograr que él también me amara. Yo sería la esposa perfecta. Yo estaba tan segura de que podía hacer que todo funcionara bien si tan sólo me esforzaba lo suficiente, pero a veces me enojaba después de que él desaparecía y entonces él me pegaba.

Nunca había dicho esto a nadie. Siempre me sentí tan avergonzada... Yo misma nunca me vi de esa manera, ¿sabe? Como alguien que se dejaría pegar.

Distorsiones cognitivas: Yo sabía que, fuera quien fuese esa mujer, era todo lo que yo no era. En realidad, podía ver por qué me había abandonado Paul. Yo sentía que ya no tenía nada para ofrecerle, ni a él ni a nadie. No lo culpaba por haberme dejado. Me refiero a que, después de todo yo tampoco podía soportarme.

  • Caso 2: Hacía siete años que su padre había muerto, pero seguía siendo el hombre más importante de su vida. En cierto modo, era el único hombre de su vida, porque en cada relación con otro hombre por quien se sentía atraída, en realidad se relacionaba con su padre, esforzándose aún por ganar el amor de aquel hombre que no podía darlo debido a sus propios problemas.

Si nuestros padres se relacionaron con nosotras en forma hostil, crítica, cruel, manipuladora, dictatorial, demasiado dependiente, o en otras formas inadecuadas, eso es lo que nos parecerá "correcto" cuando conozcamos a alguien que exprese, quizá de manera muy sutil, matices de las mismas actitudes y conductas.

Si el drama y el caos siempre estuvieron presentes en nuestra vida y si nos vimos forzados a negar muchos de nuestros sentimientos mientras crecíamos, a menudo necesitaremos acontecimientos dramáticos para poder engendrar un sentimiento. De esta manera, necesitamos la excitación que nos proporcionan la incertidumbre, el dolor, la decepción y la lucha sólo para sentirnos vivos.

¿Qué pasa cuando las necesidades emocionales de amor y atención, las percepciones y sentimientos hayan sido, en su mayor parte, ignorados o negados en lugar de ser aceptados y valorados?

Cuando sucede algo emocionalmente doloroso y nos decimos que la culpa es nuestra, en realidad estamos diciendo que tenemos control sobre ello.

Ejemplo: Los padres están peleando. La hija tiene miedo. La hija pregunta a la madre: "¿Por qué estás enojada con papá?" La madre responde: "No estoy enojada", pero se ve furiosa y perturbada. Ahora la hija se siente confundida, más temerosa, y dice: "Yo te oí gritar." La madre responde, enfadada: "¡Te dije que no estoy enojada, pero lo estaré si insistes con esto!" Ahora la hija siente miedo, confusión, enojo y culpa. Su madre ha implicado que sus percepciones son incorrectas, pero si eso es verdad, ¿de dónde provienen esos sentimientos de miedo? Ahora la niña debe elegir entre saber que tiene razón y que su madre le ha mentido deliberadamente, o pensar que se equivoca en lo que oye, ve y siente. A menudo se conforma con la confusión y deja de expresar sus percepciones para no tener que experimentar la aflicción de que se las invaliden. Eso deteriora la capacidad de una niña de confiar en sí misma y en sus percepciones, tanto en la niñez como en la edad adulta, especialmente en las relaciones cercanas.

Cuando los padres están peleando o atrapados en otro tipo de luchas, es probable que quede poco tiempo y atención para los hijos. Eso hace que la niña sienta hambre de amor y, al mismo tiempo, no sepa cómo confiarlo o aceptarlo y se sienta inmerecedora de el.

Cuando amamos demasiado vivimos en un mundo de fantasía, donde el hombre con quien somos tan infelices o estamos tan insatisfechas se transforma en lo que estamos seguras de que puede llegar a ser, y en lo que se convertirá con nuestra ayuda. Dado que sabemos tan poco cómo es ser feliz en una relación y tenemos muy poca experiencia en el hecho de que alguien a quien queremos satisfaga nuestras necesidades emocionales, ese mundo de ensueño es lo más que nos atrevemos a acercarnos a tener lo que queremos. Si ya tuviéramos a un hombre que fuera todo lo que quisiéramos, ¿para qué nos necesitaría? Y todo ese talento (y compulsión) para ayudar no tendría dónde operar. Una parte importante de nuestra identidad estaría desempleada. Por eso elegimos un hombre que no es lo que queremos... y seguimos soñando.

Usamos nuestra obsesión con los hombres a quienes amamos para evitar nuestro dolor, vacío, miedo y furia. Usamos nuestras relaciones como drogas, para evitar experimentar lo que sentiríamos si nos ocupáramos de nosotras mismas.

Caso 3: —Mientras estaba pasando tenía miedo, pero en general me sentía sola. Nadie me miraba ni se preguntaba qué sentía o qué hacía yo. Yo aprendí a no causar problemas. Permanecía callada, fingía no advertir lo que se estaban haciendo mis padres y, de hecho, no decía lo que pensaba. Trataba de ir bien en la escuela. A veces parecía que eso era lo único en que mi padre me prestaba atención. "Muéstrame tus calificaciones", me decía, y entonces hablábamos un poco de eso los dos. El admiraba cualquier tipo de logro, por eso yo trataba de cumplir para él.

También hay otro sentimiento. Tristeza. Creo que me sentía triste todo el tiempo, pero nunca se lo dije a nadie. Si alguien me hubiera preguntado: "¿Qué sientes dentro de ti?", yo habría dicho que me sentía bien, absolutamente bien. Aun cuando hubiese podido decir que estaba triste, jamás habría podido explicar por qué. ¿Cómo podía justificar el sentirme así? No estaba sufriendo. En mi vida no faltaba nada importante. Me refiero a que nunca nos faltaba comida, teníamos todo cuanto necesitábamos.

El aburrimiento es la sensación que a menudo experimentan las mujeres que aman demasiado cuando se encuentran con un hombre "agradable": no se oyen campanas, no explotan cohetes, no caen estrellas del cielo. En la ausencia de excitación, se sienten inquietas, irritables y torpes.

  • Eros: El verdadero amor es un anhelo consumidor y desesperado por el ser amado, a quien se percibe como diferente, misterioso y elusivo. La profundidad del amor se mide por la intensidad de la obsesión por el ser amado, además de la voluntad de soportar dolor y penurias por el bien de la relación. A menudo hay que vencer grandes obstáculos y, por lo tanto, en el verdadero amor hay un elemento de sufrimiento; se asocian sentimientos de excitación, embeleso, drama, ansiedad, tensión, misterio y anhelo.

  • Agape: El verdadero amor es una sociedad con la cual dos personas que se quieren están profundamente comprometidas. Esas personas comparten muchos valores, intereses y objetivos básicos, y toleran de buen grado sus diferencias individuales. La profundidad del amor se mide por la confianza y el respeto mutuos, además de la voluntad de verse a sí mismo con honestidad a fin de promover el crecimiento de la relación y la profundización de la intimidad. La relación permite a cada integrante de la pareja ser más plenamente expresivo, creativo y productivo en el mundo; se asocian sentimientos de serenidad, seguridad, devoción, comprensión, compañerismo, apoyo mutuo y bienestar.

El amor apasionado, eros, es lo que en general siente la mujer que ama demasiado por el hombre que es imposible. Es más, el hecho de que haya tanta pasión se debe a que él es imposible. Para que exista la pasión, es necesario que haya una lucha continua, obstáculos que superar, un anhelo por más de lo que se dispone. Pasión significa literalmente sufrimiento, y a menudo sucede que cuanto mayor es el sufrimiento, más profunda es la pasión. Si la mujer al fin recibiera del objeto de su pasión lo que tan ardientemente ha deseado, el sufrimiento desaparecería y la pasión pronto se consumiría. Entonces, quizás, ella se diría que ya no está enamorada, porque ya no tendría ese dolor agridulce.

La sociedad y los medios de comunicación nos prometen de mil maneras que una relación apasionada (eros) nos traerá plenitud y satisfacción (agape).

La frustración, el sufrimiento y el anhelo no contribuyen a una relación estable, duradera y sana. Hacen falta intereses comunes, valores y objetivos comunes, y capacidad para una intimidad profunda y duradera si se desea que el encantamiento erótico inicial de una pareja a la larga se transforme en una devoción afectuosa y comprometida que soporte el paso del tiempo.

El precio que pagamos por la pasión es el miedo, y estos mismos que alimentan al amor apasionado también pueden destruirlo. El precio que pagamos por un compromiso estable es el aburrimiento, y la misma seguridad y solidez que cimentan una relación así también pueden hacerla rígida y sin vida.

La confianza y la honestidad del agape deben combinarse con el coraje y la vulnerabilidad de la pasión a fin de crear una verdadera intimidad.

La mayoría de nosotras crecemos y continuamos en los roles que adoptamos en nuestra familia de origen; esos roles a menudo implicaban negar nuestras propias necesidades e intentar satisfacer las de otros miembros de la familia. Nuestra propia necesidad de amor, atención, cariño y seguridad quedó insatisfecha mientras fingíamos ser más poderosas y menos temerosas, más adultas y menos necesitadas, de lo que realmente nos sentíamos. Hace tanto tiempo que fingimos ser adultas, que pedimos tan poco y hacemos tanto, que ahora nos parece demasiado tarde para esperar nuestro turno, entonces seguimos ayudando, con la esperanza de que nuestro miedo desaparecerá y nuestra recompensa será el amor.

Ejemplo: ¿Por qué una joven tan brillante, atractiva, enérgica y capaz necesitaría una relación tan cargada de dolor y penurias? Porque para ella y para otras mujeres que han crecido en hogares profundamente infelices, donde las cargas emocionales eran demasiado pesadas y las responsabilidades demasiado grandes, para estas mujeres lo agradable y lo desagradable se han confundido y mezclado hasta llegar a ser una misma cosa.

Ese rol en su niñez formó su identidad como una salvadora que podía elevarse por sobre las dificultades y el caos y rescatar a quienes la rodeaban con su coraje, su fortaleza y su indómita voluntad. Necesitaba las crisis para poder funcionar. No había lugar ni tiempo para expresar su propio pánico, y pronto esa misma falta de oportunidad para tomar su turno emocionalmente comenzó a parecerle correcta. Si fingía ser adulta durante el tiempo suficiente, podría ingeniárselas para olvidar que era una niña asustada.

Depresión / Adicción

Si tienes depresión es probable que mantengas malas relaciones con la finalidad de mantenerte en el caos, ya que de esta forma obtienes euforia / adrenalina.

Para las adicciones, es mejor trabajar directamente y no tratarlas como un síntoma y buscar los motivos subyacentes. Debe tratarse y posteriormente ya cambiar los aspectos de la vida del paciente. Además de ingresar a grupos de autoayuda y trabajar de la mano con especialistas.

Ejemplos de casos

Una mujer que ha sufrido violencia en su niñez puede buscar hombres débiles (físicamente) de manera inconsciente por miedo a no repetir el el patrón que sufrió.

Las mujeres con una relación con alguien adicto aman una fantasía. Les resulta más fácil vivir con el sueño que luchar por cumplirlo en el mundo real. Aunque se crea que están ayudando, su actitud de salvarlo con sutileza y dulzura solo sirve para prolongar el tiempo en que su pareja podría practicar su adicción sin sentir las consecuencias: al protegerlo y reconfortarlo, lo ayudó a permanecer enfermo más tiempo.

Cuanto más difícil es poner fin a una relación que es mala para nosotros, más elementos de nuestra lucha infantil contiene.

Frases

  • « Simplemente no tengo ganas de esforzarme tanto por hacerlo feliz cuando, de todos modos, no da resultado. »

  • « Se había vuelto tan experta en aparentar que se había atrapado en su propia telaraña de mentiras. »

    « Si no admitía que pasaba algo malo, entonces así era. »

  • « Segura de que si se las ingeniaba para verse bien por fuera, todo estaría bien -o, al menos, tranquilo- por dentro. »

  • « Cada uno utilizaba al otro para evitar enfrentarse a sí mismo y a sus propias adicciones. »

¿Cómo funciona el ciclo de una relación tóxica?

"¿Me necesitas?", pregunta en secreto la mujer que ama demasiado.

"¿Me cuidarás y solucionarás mis problemas?", es la muda interrogación que subyace a las palabras del hombre que la elegiría como pareja.

Avanzar

Yo estaba tan vacía que sentía como si el viento me atravesara. Pero con cada decisión que tomaba por mí misma, ese vacío comenzaba a llenarse un poco más.

Tenía que averiguar quién era yo, qué me gustaba y qué no, qué quería para mí y para mi vida.

Si se atraviesa una relación tóxica lo ideal no solo es recomendar salir de ahí, de trabajarlo como un problema sino como un síntoma. Porque aunque abandone a la pareja, el problema persiste en la selección de personas, búsqueda de patrones. Debe trabajarse de raíz, con el autoestima y brindando herramientas.

Buscar ayuda depende más del miedo y el orgullo que de la gravedad de los problemas.

Recomendación: Leer el libro de mujeres que aman demasiado donde viene desglosado cada paso.

Pasos:

  1. Busque ayuda.

    Abandone la idea de que puede arreglárselas sola. Las mujeres deberíamos tener como consejeras a otras mujeres. Nosotras compartimos la experiencia básica de lo que es ser mujer en esta sociedad, y eso crea una profundidad especial de comprensión.

  2. Haga que su recuperación sea la prioridad absoluta.

    Compromiso total con usted misma.

  3. Busque un grupo de apoyo integrado por pares que le entiendan.

    Escuchar otras experiencias ayuda a la negación.

  4. Desarrolle su lado espiritual mediante la práctica diaria.

    Seguir el camino que usted elija. Incluye cualquier cosa que la lleve más allá de sí misma, hasta una perspectiva más amplia de las cosas.

  5. Deje de manejar y controlar a los demás.

    Deje de ser responsable de la vida de los demás.

  6. Aprenda a no "engancharse" en los juegos.

  7. Enfrente con coraje sus propios problemas y defectos.

  8. Cultive lo que necesite desarrollar en usted misma.

  9. Vuélvase "egoísta"

Cuando las experiencias de nuestra niñez son particularmente dolorosas, a menudo nos vemos obligados inconscientemente a recrear situaciones similares durante toda la vida, en un impulso de obtener el control sobre ellas.

Identificarte con algunos de estos patrones no significa que haya algo malo en ti ni que seas responsable de todo lo que ocurre en una relación. Comprender nuestra historia, aprender a poner límites y reconocer nuestras necesidades también forma parte de construir relaciones más sanas.

Si algo de esta lectura resonó contigo y quieres trabajar en tus relaciones, autoestima o límites, puedes agendar una sesión de psicoterapia conmigo.

Psicóloga Ashly Leal

Contacto

+52 8117173185

© 2026 Ashly Leal | Todos los derechos reservados